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Algunos Voluntarios de Lima ya visitaron Ayacucho...
y esta fue su experiencia:
Pía Zevallos Labarthe es asesora de Administración y Finanzas de la Coordinación General de Voluntades. Igualmente es voluntaria de la Aldea San Ricardo desde el año 2004. Actualmente trabaja en la consultora Libélula Ambiente Comunicación y Desarrollo asesorando a empresas en temas de responsabilidad social y ambiental. Pía viajó a Ayacucho y ésta fue su experiencia. |
Por: Pía Zevallos L.
Lunes 30 de abril del 2007, 7:00 a.m. Bajas de un bus repleto y de un olor indeterminado, le echas una mirada final de desaprobación a la señora que decidió emprender un viaje interprovincial nocturno en compañía de un infante, te preguntas si el terramozo ha tenido que recurrir a algún tipo de estupefaciente para aparecer nuevamente presentable y con el peinado intacto a decirnos “disfruten su estadía”. Sí, la tolerancia es una virtud admirable, pero imposible de tener después de una noche de soroche, llantos, frío, vómito inminente y ausencia total del sueño.
Toda la sensación de cansancio y desesperanza se va alejando como por arte de magia cuando miras arriba y ves el cielo despejado, solo ahí finalmente asimilas que el viaje ha terminado. Estamos en Ayacucho y todo valió la pena. Bajas nuevamente la cabeza y ante tus ojos un cartel rudimentario -dos pedazos de cartón pegados con gutapercha y pintados con lapicero azul- nos recuerda el propósito de nuestra visita. Logras enfocar las letras: “Voluntades Ayacucho”.
Dos chicos jóvenes y sonrientes nos esperan en la estación desde las 6 de la mañana, uno de ellos es Yanmarco, el jefe de la “operación” Voluntades Ayacucho. Nos llevan en un taxi que sin duda durante la mañana ha transportado pescado, a la casa de los jesuitas, la “Visión Solidaria” de Voluntades Ayacucho. El personaje que nos recibe es verdaderamente indescriptible (unas horas más tarde una de las chicas hablando de su experiencia como voluntaria lograría, con una sola frase, descifrar su esencia: “Cuando Yanmarco nos habló por primera vez de Kiko Villarán nos dijo: chicos, tienen que conocerlo, es un pata fuera de lo común”).
Lo que vivimos durante el resto del día fue, en una sola palabra, enriquecedor. Lo que pensamos sería una “visita de reconocimiento”, una enseñanza del modelo de trabajo y mística de Voluntades, se convirtió más bien en un aprendizaje, en un día inolvidable. Los chicos ya se encuentran organizados, integrados y llenos de mística (sin duda se lo deben en parte a Kiko y a la primera “misión” de Voluntades que visitó Ayacucho). Su proyecto ha evolucionado y consiste en ir todos los domingos al Colegio Fe y Alegría y dar clases de razonamiento verbal y matemático, que incluyen un recreo y un lonchecito preparado por el comité de comida: “los chicheros”. Tienen planes de abrir proyectos nuevos y triplicar su ámbito de trabajo para fin de año. Quieren que su experiencia se replique en todas las regiones.
Almorzamos juntos, conversamos, compartimos, aprendimos, discutimos, vimos fotos y videos, nos tomamos varias fotos. Al final del día paseamos por la ciudad como viejos amigos, comimos pan serrano. Paseamos juntos por la principal calle comercial –pollería, Internet, pollería, Internet, chifa, Internet, pollería-. Nos lamentamos por no tener más tiempo.
Lunes 30 de abril del 2007, 8:00 p.m. Te subes al bus repleto y de un olor todavía neutro, echas una mirada alrededor rogando que ningún pasajero viaje acompañado de niños, te encuentras con el mismo terramozo que te da la bienvenida y reafirmas tu hipótesis de que consume alguna potente droga.
Comienzan las curvas de bajada que, contra todo pronóstico, son aun peores que las de subida. De pronto una sonrisa se dibuja en tu cara, no porque el cansancio ha adormecido totalmente tus nervios faciales, sonríes porque no estás solo en tu misión de cambiar la sociedad, el país y el mundo en el que vives. Sonríes porque un grupo de chicos hasta hace unas horas desconocidos te ha devuelto la esperanza.

Mónica Castañeda es Jefa del área de Imagen y Comunicaciones de Voluntades. Tiene 26 años y es administradora de empresas de la Universidad del Pacífico. Entró a Voluntades en el año 2000 al proyecto Hogar de Cristo y hoy es voluntaria del Puericultorio. A través de un ameno artículo, Mónica nos cuenta el mundo que descubrió en su visita a Voluntades Ayacucho. |
Por: Mónica Castañeda
“Caminas hacia la derecha, avanzas dos cuadras después de la plaza y vas a ver una bodega al lado de un tragamonedas, entras y… no sé!…pides unas papas Lays, ahí atrás está el sitio, la tía ya sabe…”
Así llegamos, era uno de los más encaletados ‘points chupísticos’ de Ayacucho, y sus cortas dimensiones no estaban faltas en anécdotas de generaciones, salones VIP y tendales de ropa, todo junto y el cartel, qué risa, “la atención es hasta las 10 p.m., NO INSISTIR” (así, con mayúsculas). La llegada fue a las 11:30pm y nos quedamos un par de horas. Nuestros amigos nos esperaban ahí. Celebramos el cumpleaños de Ela y, claro, también el nacimiento de Voluntades Ayacucho.
Estuvimos hablando de voluntariado, de las ganas con las que uno actúa cuando se deja llevar por ideas que salen del corazón, de las ganas de querer más y querer lo mejor. Nos contaron cómo se juntó el grupo, cómo se organizaban, qué querían y qué inquietudes tenían. Íbamos hablando y conociéndonos, llenándonos de orgullo por lo que hacíamos –o por lo menos intentábamos hacer- y claro, de los grandes planes.
Se hizo más tarde y nos fuimos caminando al hotel, no había luz en toda la calle, pero nadie tenía miedo, ni un poco, ni siquiera el gordo José Martín que se independizó del grupo para conocer los muy afamados points pendientes: la Chata Belicosa y el Tío Stone; este último se escondía detrás de un tragamonedas que estaba detrás de una librería que a su vez estaba detrás de una cabina de Internet en la que también alquilaban play station.
El viaje a Ayacucho duró 3 días, fuimos José Martín, Diana y yo. Ahí estaban Kiko y Gonzalo, grandes amigos que nos unieron con este grupo de 20 voluntarios que forman Voluntades Ayacucho. Ellos se reúnen todos los domingos para dar clases de voley y fútbol en un colegio Fe y Alegría. Lo más divertido de la tarde es el calentamiento y el momento más emocionante, los penales.
Además de visitar el proyecto, tuvimos tiempo para compartir con ellos el know-how de Voluntades, fruto de 10 años de trabajo de muchas personas. Contamos las mil historias, los inicios de Voluntades, los proyectos, las etapas por las que hemos pasado, los voluntarios, El Desafío, las elecciones anuales, las fiestas, los enamoramientos (durante ese momento el Gordo José Martín se tomó la libertad de decir que había sido enamorado de Diana y mío). Vimos fotos y videos, y quedamos en que se harían más viajes y también capacitaciones.
Fue muy especial sentir cómo se transmite la mística de Voluntades y cómo fluye entre personas que quieren recibirla para poner su granito de arena en la construcción del Perú que todos soñamos.

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